Qué tal queridos amigos, el día de hoy compartiré con ustedes un caso que le ocurrió a uno de mis lectores, mismo que casi logró que yo derramara una lágrima de tristeza. Este caso me lo hizo llegar vía correo electrónico a mi dirección chochos@chido.com y dice lo siguiente:
Hola Chochos, te escribo desde mi consultorio donde recibo a mis pacientes, confiando en que recibiré un consejo lleno de buena vibra y objetividad sabiendo que eres una persona súmamente leída, culta, ética y por qué no decirlo: muy bella.
Para adentrarte un poco en el tema, yo soy un médico especialista, soy muy reconocido entre mis colegas, y mis clientes. ¡Vaya! soy casi tan profesional, reconocido y bien hecho como Angel del Villar (el médico de las estrellas), mi ídolo y ejemplo a seguir.
Como sabes; los médicos firmamos un código de ética, debemos acatar ciertas reglas y en caso de romperlas podemos perder todo lo que tenemos, y yo; yo he roto muchas de esas reglas…
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Esque no es posible lo que siento Chochos, desde que la ví entrar a mi consultorio mi corazón palpitó. Renacieron un sin fin de sentimientos que pensé que jamás volvería a sentir. Me ví deslumbrado por su pelo dorado, sus ojos cafés y su contoneo de caderas al andar, fué como volver a nacer… creo que estoy enamorado.
Fíjate que el día que la conocí, llegó acompañada, no esperé para decirle a su acompañante que me esperara afuera, a lo que solo me contestó un “ok”, sorprendido seguramente de que yo quisiera estar solo con ella; pero como soy médico, no pudo desconfiar.
Como recién la conocía, se mostró un poco tímida al principio, pero empecé a acariciar su pelo, y ella automáticamente me demostró que le gustaba y no esperó un segundo para lamer mi cuello moviendo sus caderas de una forma bastante sugestiva. Esto me prendió tanto que comencé a quitarme mi ropa y le bese hasta la sombra… no te cuento más, porque va a parecer canción de Ricardo Arjona y tu blog es familiar. El caso es que la hice mía Chochos, la hice mía y ahora me siento culpable, porque se supone que como médico no puedo tener relaciones sexuales con ninguno de mis pacientes… y lo peor de todo esto es que soy veterinario Chochos, y mi amada es Gurrumina: una tierna y bella perrita labrador golden.
Porfavor Chochos, necesito tu ayuda, dime… ¿Qué puedo hacer? ¿Verdad que no estoy tan mal?
Atte: Juan Gamez
Pues bien querido Juan, la verdad es que eres de lo más enfermo que ha llegado a mi correo electrónico, y mira que tengo más de 1000 cadenas que me ha enviado gente sin qué hacer. Lo único que te puedo recomendar es que te apliques una pequeña inyección de cianuro, porque neta que eres de esos vatos que uno dice: “deberían de legislar desde ya, la pena de muerte”, neta mi querido Juan que tú, pides eutanasia a gritos.
Animo, un abrazo mi querido zoofi…















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