Por la tarde vas al refri y destapas una coca cola, prendes un cigarro marlboro y abres una bolsa de doritos. Miras tu nextel y piensas si será bueno enviarle una alerta a tu novia que se enojó ayer contigo porque no le compraste la bolsa loui vuitton que quería. Cansado te acuestas en tu cama y prendes tu televisión samsung de 52″.
Harto de tí, apagas la televisión debido a que no encontraste lo que buscabas: simplemente ser.
Sales de tu casa con las llaves de tu bmw dispuesto a pasarla bien. En el camino te topas con muchas imágenes que causan en tí envidia. No, no de la buena, y lo sabes. Pero, ¿cómo podría envidiar alguien como tú a esos que bien podrían ser parte de tu servidumbre?; una pregunta que te acosa y molesta, que te causa una sensación de vacío en el estómago. Una sensación que no sabes si es producto de la envidia o de los doritos que comiste.
Mágicamente, esa sensación desaparece cuando escuchas tu blackberry sonar… -¡Es tu novia!- Al parecer se le ha quitado lo orgullosa. Sin pensarlo inclinas el cuerpo para alcanzar a contestarle y olvidas por completo que estabas manejando.
De pronto, te sientes tranquilo y una calma que jamás habías sentido embriaga tu ser. Puedes verte a ti mismo allí: ensangrentado, con tu blackberry en la mano, tratando de contestar una llamada que no debía ser contestada, porque ni tu novia, ni tu blackberry, ni tu nextel, ni tu automóvil bmw, ni nada de lo que creías tener te pertenecía. Tú les pertenecías a ellos.
-No eran los doritos- pensaste por última vez.










Moka
on Nov 19th, 2009
@ 9:36 am:
Entonces fue la coca con el cigarro…
¡Saludos!