Grasa buena VS grasa mala
Recuerdo la primera vez que la ví…
Sus ojos verdes y su linda cara fueron lo primero que llamó mi atención. Flaca ella… tan flaca que un fideo era más atractivo que su cuerpo, sin ademanes al caminar y muy seria, tanto que siempre pasaba desapercibida donde quiera que estuviera.
-Me gustaría tener una hija como ella- le dije a la que en ese entonces era mi pareja…
¡Claro! ¿quién no quiere una hija lo suficientemente linda para recibir como comentario un “oye que bonita está tu hija eh”, pero no tanto como para que todos se la quieran coger? Un sueño para cualquier padre, lo podría firmar…
Llegó el verano y dejé de frecuentar el lugar donde siempre me encontraba con “la hija de mis sueños”.
Vacacioné, comí, me divertí y conocí gente nueva… supongo que ella también, bueno, no supongo, estoy seguro.
Terminó el verano y todos regresamos a la ciudad. Era hora de volver a la monotonía: ir al gimnasio para después salir a fumarme un cigarro con los amigos y charlar de cosas sin importancia…
-No mames, ¿ya viste qué buen culo?- me dijo un amigo mientras miraba lascivamente a aquella misteriosa chica…
Al momento en que me di la vuelta para verla, comencé a comprender la importancia de la grasa: una poca -o bastante- acomodada en lugares estratégicos, puede ser la diferencia entre “Oh qué linda” y “MMMamacita, te la quiero dejar ir en este instante”…
Yo no lo podía creer, “la hija de mis sueños” ahora portaba un par de nalgas que bien harían ver las de J-Lo como una aspirina, también se le otorgó la dicha de tirar todos sus corpiños para poder usar un sujetador 34-B, tánto denotaba su emoción por el nuevo regalo que Dios le había dado que se contoneaba con singular alegría al caminar… “Mírenme, tengo chichis y nalgas” gritaba usando sus caderas como altavoces.
Estoy seguro de que ella notaba que todos la veían como un lobo hambriento mira a su presa, y eso la hacía feliz, aunque aún no entiendo el porqué.
-Jijiji, jajaja- ¡ahora sí! todos querían cruzar palabra con ella, incluso aquellos que llegaron a pasar por su lado (antes de ponerse buena) y chocaron sus hombros con ella y ni un “perdón” le dijeron… ¡Vaya! hasta otras chicas adolescentes que antes pasaban barriéndola ahora querían hablarle, como si fuesen a ser “bonitas por asociación”.
Por primera vez sentí celos e indignación de padre.
Esque yo no entiendo a veces a las mujeres, buscando siempre la aprobación de la pupila masculina (aunque lo nieguen) para terminar quejándose de que las tratamos como un pedazo de carne. Orgullosas de estar rodeadas de gente que ni siquiera les hablaría de no tener nalgas, chichis, o una cara bonita.
¿Cómo es posible que unos gramos de grasa bien acomodados lleguen a convertir en petulante a una persona agradable, tomando en cuenta que si esa misma grasa se encontrara pegada a su vientre la convertiría en una terrible tragedia?
Aún no lo entiendo. Todo es cuestión de colocación ¿no?, el órden de los factores no altera el producto ¿no?…
Ahora “la hija de mis sueños (ya no)” tiene un novio guapo con automóvil del año, tiene muchas “amigas” que forran sus cuerpos con ropa etiquetada por Abercrombie o Hollister, por lo tanto ella lo hace también, va a antros, cafés, y va de vacaciones a “Aca” y a “Cuerna” para lucir reveladores bikinis. Seguramente en un futuro no muy lejano conseguirá un trabajo, y se casará con un exitoso empresario, y será feliz por los siglos de los siglos…
Y todo, todo, todo: gracias a la grasa.
¡Bah! yo también tengo grasa y nada… jajajaja (la envidia hablando… talvez)
El chiste es que nos encanta que nos miren con deseo, pero nuestros objetivos (ojo). No cualquier guarro, esos nada mas enojan y ponen de malas.
Y luego que son taaaaaaaaaan finossssssssss.