Canción de amor para mi futura
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Ella agarró al más pequeño de sus hijos y se fue. Pero no regresó.
Al atardecer, cuando el sol alumbraba sólo las puntas de los cerros, fuimos a buscarla. Anduvimos por los callejones de Luvina, hasta que la encontramos metida en la iglesia: sentada mero en medio de aquella iglesia solitaria, con el niño dormido entre sus piernas.
Aquel día en que amaneció con la nueva de que su mujer se le había ido, ni siquiera le pasó por la cabeza la intención de salir a buscarla. Dejó que se fuera sin indagar para nada ni con quién ni para dónde.
Dejó que se le fuera como se le había ido todo lo demás.
Ya lo único que le quedaba para cuidar era la vida.
orale ya ni los mayas, no si esta cabron donde vives jajajaja chida pag wey sigue asi