Comidas
Padezco intestino irritable, eso significa que cuando trago algo que no debo, mi intestino se inflama, se pone verde y podría triturar un auto compacto.
Mi intestino es algo así como el Hulk de los intestinos, el único pedo es que cuando como algo prohibido, me convierto en fuerte competencia de Gas express Nieto.
El otro día fuí a hacer mi despensa a la Comer, porque yo no voy al súper a la verga. Ahí andaba yo, rondando como tiburón en las aguas frías del mar Caspio en busca de su presa, solo que yo buscaba otra cosa: bocadillos gratis.
Una amable señorita evitó acercarse con su charola llena de yoghurt bebible seguramente porque ya había olido mis escabrosos planes de comer gratis, obviamente le tendí una emboscada, y cuando menos se lo esperaba, la intercepté y le robé dos vasos de su charola.
-¿Y esto qué es señorita?
Ella solamente se limitó a mirarme con cara de “Es yogur pendejo, aparte para qué verga me preguntas si ya te lo estás empacando, jijo de tu pinchi madre” y después me dijo: “Es yoghurt bebible de fresa jóven, en la compra de el paquete de seis, le regalamos este tóper”.
-Ah, está rico, un poco dulce… – Le contesté mientras bebía mi segundo vasito, y me alejaba mandándo su promoción allá por casa de la verga…
Continué mi recorrido en el buffet de probadera -bastante pobre por cierto- y me encontré con unos totopos con mole. No soy muy fan del mole, en especial porque generalmente lo hacen muy condimentado y mi Hulk-intestino lo convierte en armas letales, pero en ese momento me valió verga y tomé uno, al probarlo me gustó y tomé otro, y otro hasta que un empleado se acercó a quererme vender un botecito. Creo que alcanzó a decir “Es mol…” antes de que yo me desapareciera de la zona.
Más tarde, acompañé a mi brujer a comprar pan. Vi que en una charolita tenían unas bolitas rellenas de queso, que son como bolillo y traen queso philadelphia adentro. No mames son una delicia esas madres. No me aguanté y agarré uno, y ante la mirada atónita de la que te cuenta el pan me lo metí a la boca, y después mientras masticaba le dije “ah, y me anota este también, por favor”.
-Qué honrado jóven- Me dijo con pena, ya que segundos antes me había tirado una mirada como la que le lanzaría un verdugo de la santa inquisición a una bruja o un científico.
Ya nomás le sonreí, y ví que a lo lejos había unas pinches charolas con pequeños cortes de diferentes panes.
El menú era el siguiente:
-Pan de centeno
-Pan de ajo
-Pan de cebolla
-Pan de pasas
-Pan de aceituna
-Pan de queso parmesano
Ver
ga
Definitivamente no podía dejar pasar la oportunidad de refinarme un rico pan de diferentes sabores.
Primero tomé uno de ajo, sabía rudo a ajo, entonces me comí uno de pasas. Demasiado dulce, probemos el de queso parmesano. Oye no mames ¿a qué sabía el de ajo?, me comí otro de ajo, -verga sabe un chingo a ajo, a ver el de cebolla-. Chido, sabe bien, a ver ¿el de centeno?…
No mames, no te miento me tragué como 15 pedacitos de pan, hasta que ví a un pinche panadero que me miraba como diciendo: -pinche vato hambriado, jijo de tu reputamadre, yo como soy empleado no puedo tragarme ni un cachito, pinche envidia que te tengo, vuelves a tocar otro pedazo de pan y te voy a reventar toda tu geta pinchi yunior jijo de la verga-
Tomé otro pedacito, mientras lo miraba pensando en el sermón baja-autoestimas que le diría al vato ese si me decía que ya no tragara tanto pan. Vaya hasta hice un cálculo de cuánto valdrían todos los panes que tenían en las canastas para decirle “Te los pago, cárgalos a mi cuenta” empuñando mi tarjeta de crédito como espada de Bolivar.
Yo creo que percibió mi molestia y ya nada más agarró una como charolita, e hizo un ademán como diciendo “ash pus allá tú”
Total, que después de darle un verdadero roll al súper tragando mierda y media, era hora de irse.
De regreso a casa Hulk empezó a protestar.
Mientras estaba en la computadora en la sala de mi casa -que es mi casa-, empezó aquel estruendoso espectáculo. No mames era un pedo que te juro que ni yo me aguantaba, de eso que cuando te llega el aroma, arrugas toda la cara y tuerces la boca pensando que eso no puede estar saliendo de ti.
Despues de unos minutos y un tanto acostumbrado al olor en el ambiente, percibí un nuevo olor, uno mucho peor que todos los anteriores, ese era el rey de los pedos, un olor que incluso pudo haberse confundido con un estornudo del Kraken de piratas del caribe, algo que al oler más que desagradar, preocupa, porque después de uno de esos ya el diagnóstico debe ser grave, lo que me extrañaba es que no había sentido ningún pedo salir, cosa aún más preocupante, porque para pasar uno de esos desapercibido ya es porque necesitas un transplante de ano o algo por el estilo.
Fué en el momento que comenzaba a sentir miedo cuando mi brujer salió del cuarto y me dijo:
-No mames, los vecinos no se que están cocinando pero huele a mierrrrrrrrrrrrrrrda!!!
Con pena iba a interrumpirla para decirle que había sido yo el autor de dicho olor, hasta que el viento de la verdad sopló por la ventana diciéndome “tranquilo, no fuiste tú, si son los vecinos”.
PUUUUUUUUUUUUTA MADRE!!!
No mames, ¿qué verga estarían cocinando los vecinos? ¡no se! pero neta, te juro que no te miento pero eso no olía a comida, estaba muy cabrón.
Hasta me imaginé con temor qué haría yo si algún día me invitaran a comer los vecinos, o qué costumbres coprofágicas tendrán pero alaverga, neta que sentí gacho.
Total queridos lectores, no hay duda que a veces uno no sabe por donde viene la bala.